domingo, 25 de diciembre de 2011

El Aire de la Alpujarra

             En la vertiente sur de Sierra Nevada, abarcando parte de las provincias de Granada y Almería, se encuentra una comarca conocida como La Alpujarra. Pueblos blancos como Capileira, Pampaneira, Bubión, Lanjarón o Trevelez se derraman desordenados por su ladera. Desde siempre, esta región ha ejercido una irresistible atracción para escritores, artesanos, hippies, devotos religiosos, y para mí.

            Ugíjar es uno de esos pueblos donde, todos los años a principios de diciembre, se celebra la Expo-Alpujarra. Una feria del turismo, la artesanía y la alimentación de la comarca. Hace al menos una década, cuando mis hijas tenían esa maravillosa edad, en la que yo era capaz de ilusionarlas contándoles historias de todas clases, íbamos a Ugíjar. La Expo se alojaba en una gran nave, allí diversos stands ofrecían sus productos. El placer de mojar pan en un plato con aceite, que nos ofrecían por si queríamos comprar, poco antes de la hora de comer, nos resultaba el colmo de la oportunidad. Igualmente, miel, embutidos, jamones, dulces, todo lo podíamos probar porque todo nos resultaba apetecible. Todos los años comprábamos algo, miel, quesos, embutidos, incluso un jamón.

            Al salir, nos acercábamos a Válor, o a Yegen a comer. Entonces, yo les hablaba sobre La Alpujarra, y sobre algunos de los personajes que allí vivieron, y siempre de Brenan, de mi admirado Gerald Brenan. Un inglés que dejó el bombín, para calarse la boina. Por la tarde, buscábamos la casa donde vivió el hispanista en Yegen; nos hacíamos fotos y planes para irnos a vivir en una casita, por aquellos pueblos. A pesar de la oposición de mi mujer, que bromeando decía que a La Alpujarra no se iba a vivir nadie, porque allí no había un Carrefour. Cargábamos el maletero del coche de chaquetones, guantes, bufandas, pastas, dulces, incluso las hojas doradas de los arces que, al caer al suelo, alfombraban nuestros pasos y nuestros sueños. Lo disfrutábamos todo, y aún hoy día me asombro de lo felices que éramos, portadores de un entusiasmo incondicional por estar allí y por nuestros planes para un poco más adelante.

            Contrariamente a lo que se piensa, no es que el tiempo sea fugaz, es que jamás podremos retenerlo. Yo dejé de contarles aquellas historias, porque se hicieron mayores como por ensalmo. Nuestras visitas a La Alpujarra se cancelaban cada año, para el siguiente. Hasta que un día, ya no recordaba ni cuando habíamos dejado de hacer aquellos planes para mas adelante. La vida, que engañosamente parece que siempre transcurra igual, evoluciona. Con los años, algunos problemas también se hicieron mayores. Ocasionalmente, dejé de escribir, y cuando inventaba mundos sobre el papel me engañaba al creer que sentía el placer de antaño. Me costaba levantar el vuelo, y solo vivía como uno mas.

            Los únicos caminos que nunca recorremos son aquellos en los que no demos el primer paso. Hoy, por fin, hemos vuelto a La Alpujarra. Conduciendo pensaba por qué me gustaba tanto viajar a ella. Pero, al reconocer las cimas nevadas de pureza, los racimos de casas blancas sobre la falda de la sierra, los tonos parduscos y anaranjados de los árboles, y sobre todo, las doradas hojas de los arces que recogíamos, con la ansiedad de quien recoge agua en el desierto, me estaban dando la respuesta.

            En Ugíjar, al bajar del coche, he entornado los ojos para inspirar profundamente. Numerosos grupos de personas andando nos han guiado hasta la Expo. Allí, nos es difícil resistirnos a comprar queso, miel, y por supuesto, a mojar pan en el aceite de seductores platos. Hemos vuelto a comer en el Abén Humeya, en Válor. Dentro del restaurante, el sol entraba limpiamente por los ventanales, con la calidez de un viejo amigo. Después, hemos paseado por el pueblo, disfrutando de la indolente atmósfera de la siesta. Sin dar un paso más rápido que otro. Espléndidos olivos, en la orilla de una parcela, nos han acompañado hasta la terraza de un bar. Sentados al sol, hemos tomado un delicioso café. Este entorno de ensoñación ayuda a meditar, y he visto que del mismo modo que el hombre no puede volar por si mismo, el alma con los pies en el suelo es un alma enferma. Si nuestro espíritu no fantasea, no se eleva sobre nuestras cabezas y viaja a infinitos lugares, y a través del tiempo, es que algo grave nos ocurre y necesitamos aliviar nuestro interior. Hoy, el aire me ha devuelto aromas que echaba de menos, porque el corazón también tiene memoria. He vuelto a respirar el aire que atrajo a García Lorca, a Pedro Antonio de Alarcón, a Brenan, al grupo de Bloomsbury, con la propia Virginia Wolf, entre otros. He vuelto a sonreír al recordar a mis hijas correr por allí y asombrarse por el más mínimo descubrimiento que hacían en la naturaleza. A través del tiempo, las he llamado y las dos niñas volvían corriendo a mi, para abrazarnos y yo les contaba como aquel inglés vino a vivir allí, para recibir la inspiración de mil historias y mil poemas que brotaron del vuelo de su alma. Si desde aquellas montañas, lanzamos la mirada hacia el sur, como buscando la mar, quedamos conmovidos por la infinita vista en la que nuestro espíritu se eleva como el humo que se evade de las inconfundibles chimeneas alpujarreñas. Ese vuelo nos es tan vital como la luz del sol, porque es el aire que oxigena nuestros sueños.

            He tardado demasiados años en darme cuenta de las cosas importantes que me ensañaron mis hijas. Como el secreto de la felicidad, que reside en tener el corazón repleto de ilusión. No existe nada superior para alcanzarla. Porque no basta vivir, es indispensable volver a alimentar el corazón de ilusión, de abrazos, de planes. Así de sencillo, y ni siquiera es necesario llegar a cumplir esos planes para disfrutar. Volver a buscar y a distinguir los instantes en que el aire nos trae los aromas del alma libre, aromas inmunes e indetectables por la ciencia. El aire que portaba la inspiración de los poetas de La Alpujarra. Ese aire, tal vez efímero, nos ofrece la posibilidad, si la aceptamos, de colmar toda nuestra frugal existencia.

Hoy día mis hijas cada vez son más independientes; mi mujer puede coger el coche y en pocos minutos aparcar en un Carrefour, un Alcampo o un Eroski; y yo tengo un teléfono móvil que, entre otras cosas, hace unas fotos increíbles. Pero, en la balda de una estantería, apoyada sobre el marco de una foto de mis hijas cuando eran pequeñas, una otoñal y dorada hoja de arce me recuerda el aroma del aire de aquellas montañas.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Tribunales Artísticos

La DGT ha multado con 30.000 euros a la productora Tripictures por presentar en el cartel publicitario de la película 'Larry Crowne' a Tom Hanks y Julia Roberts conduciendo una moto sin casco.


Este es el texto de la noticia que ha llamado mi atención, y la de muchos. Se ha multado el cartel publicitario de una película, porque los protagonistas van en una scooter sin casco. Después de escribir la frase anterior, tengo que detenerme a pensarla un poco. Lo primero que me viene al jardín de mis ideas es que la sanción debe estar basada en una reglamentación vigente, que sanciona no sólo los actos, sino también las actitudes. Pero, sigue sin cuadrarme, la cabeza todavía no me hace ese “clic” que nos hace cuando entendemos las cosas, y todas las piezas encajan a la perfección.

El cartel de esta película lo tengo colgado en la pared porque desde que lo vi me trasmite buenas sensaciones. Quienes miramos a Tom Hanks y a Julia Roberts nos sentimos irradiados de una actitud positiva y feliz. Quizá por eso me guste. Por el contrario, la imagen que me transmite la DGT es la de fomentar la leyenda de su muy criticado y desmedido afán recaudatorio. Nada menos que 30.000 euros del ala. Menudo palo. La productora de películas Tripictures no es de las más poderosas. Si hubiese sido la omnipotente Warner Bros, por ejemplo, me pregunto si cabría esperar de la DGT tanta severidad, o se lo habría pensado mejor, no fuera a ser que una legión de abogados hicieran que le saliera el tiro por la culata, como le pasó a la SGAE cuando con su también presunto desmedido afán recaudatorio pretendió cobrar derechos por la música que se escuchó en la celebración de una boda privada, y al final tuvo que pagar a la feliz pareja mucho mas dinero del que le reclamaba, por violar su intimidad.

 Cierto, que no está de más censurar actitudes que pregonan actos poco recomendables, pero es solo una película. Alguien le ha dicho a la DGT que en la película CARS 2 los protagonistas hablan por teléfono mientras conducen. Pobre Rayo Mcqueen, cuando se enteren. Cuantas películas hemos visto que saltan de un coche a otro, anda que como vean a Indiana Jones subirse a los camiones y a los tanques sin ponerse el cinturón de seguridad. Por no decir la que arman los personajes de MATRIX en la autopista. En esta película, la actriz Carrie-Anne Moss y su acompañante van en una moto, de gran cilindrada, sin casco, eso es de juzgado de guardia, vamos. Las espectaculares persecuciones de coches, las hacen especialistas, y los accidentes son preparados y muy controlados, además de fingidos por ordenador. Por qué nunca han sancionado a los actores que conducen de forma temeraria, bebidos o hablando por el móvil. Puede que cuando se proyectaron esas películas el sentido común de muchos en la DGT, advirtiera que las películas fingen una historia, unas escenas, unos hechos. Pero, parece que actualmente, están muy centrados en el objetivo de estrujar hasta la última gota el agrio limón de sancionar.

      Vuelvo a mirar el cartel, y sigue animándome. Me gusta. Ya se que es una sensación subjetiva, y estoy de acuerdo en que tiene que haber una línea, una actitud, pero dónde la situamos. Un cartel publicitario de una película también es una creación artística, y algunos llegan a convertirse en icónicos. Es posible que, a causa de esta sanción, este cartel sea más recordado que la película que anuncia. Acaso el arte debe ser objeto de vigilancia y control por algún tipo de tribunal ejecutor. Entonces, por qué se permitió la existencia de Paulina Rubio, del reguetón, o del modisto de Lady Gaga.

martes, 1 de noviembre de 2011

¡Viva Don Juan!

Pese al advenimiento de recientes tradiciones foráneas, y su esplendoroso éxito, algunos aún recordamos con nostalgia el clasicismo de las nuestras. Tal día como hoy, en España se veía la obra de teatro, Don Juan Tenorio. Al punto, que todos los años se programaba en TVE esta obra de José Zorrilla. Ver una obra de teatro, aunque sea en TV,  sigue siendo una buena costumbre. Desde muy antiguo, esta obra llegó a calar tanto en el público que algunas personas conocían a todos los personajes e incluso recitaban versos enteros.

Por doquiera que fui,
la razón atropellé,
la virtud escarnecí,
a la justicia burlé
y a las mujeres vendí.
Yo a las cabañas bajé,
yo a los palacios subí,
yo los claustros escalé
y en todas partes dejé
memoria amarga de mí.

Quizá caló en nuestro acervo por el apego de nuestra cultura al más allá, a los muertos. En esta obra el más allá es un destacado protagonista. Por eso encaja en una fecha como esta. Ha sido objeto de múltiples estudios, tema de numerosos escritos, un superviviente cultural de otra época. Don Juan Tenorio forma parte de nuestra memoria colectiva. Por eso, ¿Truco o Trato? jamás podrá competir contra…

Y esas dos líquidas perlas
que se desprenden tranquilas
de tus radiantes pupilas
convidándome a beberlas,
evaporarse, a no verlas,
de sí mismas al calor;
y ese encendido color
que en tu semblante no había,
¿no es verdad, hermosa mía,
que están respirando amor?

¡Oh! Sí, bellísima Inés
espejo y luz de mis ojos;
escucharme sin enojos,
como lo haces, amor es:
mira aquí a tus plantas, pues,
todo el altivo rigor
de este corazón traidor
que rendirse no creía,
adorando, vida mía,
la esclavitud de tu amor.   

Cierto, que nosotros también hemos exportado nuestra cultura. El gran Errol Flynn interpretó al mismo Don Juan, en la película El Burlador de Castilla (1948), que en su versión original se tituló Las Aventuras de Don Juan. Aunque tratándose de Hollywood, cabría no esperar demasiado del rigor con el que se rodó. Pero, la cultura, el espíritu de los pueblos, cuando viaja a otros lugares, como las personas también se convierte en inmigrante y muchas veces es acogida, asimilada y muchas veces adaptada.

     A José Zorrilla se le otorgó el calificativo de poeta del pueblo. Esta obra es inmortal, y sus versos resonarán eternos en nuestra memoria, ¡Pardiez! Mientras escribo esta entrada por toda la calle se oye a la muchachada disfrazada de fantoche, pero…

¡Cual gritan esos malditos!
¡Pero mal rayo me parta
si, en concluyendo la carta,
 no pagan caro sus gritos!

martes, 18 de octubre de 2011

Clasijazz On My Mind

            Aún recuerdo una noche de este verano, en que la Orquesta Clasijazz actuó en el Teatro Cervantes de Almería. Durante la presentación, se nos dijo que el jazz es algo mucho más cercano a nosotros de lo que nos creemos. Esta agrupación musical logró que los no entendidos, en este tipo de música, no necesitáramos una iniciación, porque desde los primeros acordes mis pies comenzaron a llevar el ritmo de la música, sin haberme pedido permiso.

La joven Big Band del Conservatorio de Almería, rompió el fuego; siguió  con la entrada en escena del Coro Gospel Clasijazz. En la segunda parte, Ramón Cardo tomó la  batuta y dirigió a la Casijazz Big Band, que contó con Tony Belenguer (trombón), Pablo Mazuecos (piano), y un selecto elenco de músicos.

Cuando estudiaba en el instituto nos decían que el verdadero científico no es aquel que realiza grandes estudios, sino el que divulga sus conocimientos. Según esto, el verdadero músico, no es aquel que se acerca a la perfección al interpretar una composición, sino el que se esfuerza por mostrar al público la belleza, el sentimiento de la música. Por eso, Pablo Mazuecos alcanza ese alto grado de gran músico. No sólo por el sentimiento que transmiten sus notas al piano, sino porque ha sido el alma mater de esta función musical. Preocupándose, no sólo de que grandes músicos vengan al Teatro Cervantes, sino también por los más mínimos detalles de la decoración, de la intendencia. En definitiva, Pablo ha conseguido lo máximo, cogernos por la solapa de nuestra alma y regalarnos algo perdurable en nuestro espíritu, y que no se si volveremos a encontrar en Almería. Nos descubrió aquello que está en lo más profundo de nuestro ser, y que no admite de manipulaciones, sino de verdaderas emociones.

La música en directo, interpretada por buenos músicos, tiene algo muy especial. Las voces de las cantantes nos envolvieron como si nos cantaran expresamente a cada uno de nosotros. El mejor elogio que se les puede hacer, es que la actuación se nos hizo corta.  No parece una formación almeriense, sino músicos venidos directamente desde el país de la música.
 
            Solo es cuestión de tiempo que la asociación Clasijazz llegue a ser mucho más reconocida, y valorada en el resto de España. Su música es de la que llega, de la que aún sin conocer nada de ella, al escucharla sentimos que tiene algo especial, que mueve nuestra alma.

            Gracias, Clasijazz, y gracias Pablo. Ojalá, volvamos a vernos, mientras tanto, y para recordaros, tomo prestada aquella vieja canción que popularizó Ray Charles.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Across The Universe

            Carl Sagan dijo que en el universo existen más estrellas que granos de arena hay en todas las playas del mundo. Nosotros, solo vemos las más cercanas, porque vivimos en la orilla del océano cósmico, y aún no nos hemos adentrado en él.

La tarde del miércoles 5 de octubre, tuvo lugar en la Biblioteca Villaespesa de Almería, y presentada por su Directora Paqui Cruz, una conferencia del Periodista, Licenciado en Filosofía y Beatlelmano declarado, Adolfo Iglesias. En poco más de una hora, que pasó sin darnos cuenta, habló sobre el universo Beatle. Un universo que va mucho más allá de unas cuantas canciones, más o menos conocidas. De vez en cuando, sus palabras cesaban para regalar, a la escogida audiencia, fragmentos de perlas musicales, y explicar no su letra, sino su significado. Nos abrió la puerta para que al asomarnos viésemos apenas la orilla del océano Beatle. De cuan inmenso y profundo es, y de cuantos intrépidos investigadores aún pueden hacer grandes descubrimientos, en la obra y en la vida de aquellos muchachos de Liverpool. Cuya influencia cultural y vital, lejos de ir agotándose, no cesa de crecer.

Adolfo apenas nos mojó los pies en esa orilla, pero a todos nos dejó con ganas de adentrarnos y darnos un buen baño.

            En los años setenta, Estados Unidos lanzó al espacio las sondas Voyager I y II. Su misión principal consistía en salir del sistema solar, recorriendo todos los planetas para enviar datos y fotografías de ellos a la tierra. Al llegar a los límites, saldría del sistema solar rumbo al espacio interestelar, con la misión de encontrar alguna civilización extraterrestre. Para ello, en una placa de oro, que se le añadió al casco, se grabaron esquemas y dibujos que explicaban de dónde partieron las naves y de cómo somos. Además, en un disco, también de oro, se grabó unas palabras del Secretario General de la ONU, y música de los más grandes compositores de la tierra. Uno de los directores del proyecto fue Carl Sagan, y tuvo un empeño personal, en que una de las primeras canciones que escucharan los supuestos extraterrestres, que encontraran las Voyager, fuera de los Beatles, Across The Universe. Al final, no lo consiguió por problemas con los derechos de autor. Pero, cada vez que me imagino a las Voyager alejándose de la tierra, en mi cabeza suena una canción de John Lennon.

jueves, 29 de septiembre de 2011

El Árbol de la Vida

            Cada vez que trato de definir el cine, pienso que el cine es la vida. Porque nos ofrece retazos de ella, de nuestras alegrías, también de nuestras penas, de nuestras risas, y de todo aquello que nos deja alguna huella. Pero, qué decir de una película de cuya sala de proyección, siempre sale algún espectador antes de que termine.

Las películas suelen tener una estructura básica. A través de unos personajes y de lo que les ocurre, nos cuentan una historia, para divertirnos o emocionarnos. Malick nos sorprende con una estructura de cine diferente. Quiere provocarnos la emoción, sin rodeos. Es decir, sin una línea estructurada de acontecimientos que se van desarrollando y relacionados entre si. En El Árbol de la Vida se arriesga mucho viajando directamente al corazón de los personajes, y colateralmente al nuestro. Intenta sobrecogernos mostrándonos el interior de la emoción. Sin los envoltorios propios de una historia normal. A lo largo de varias escenas, aparentemente inconexas, breves y muchas sin diálogos hablados, pero todas con diálogos visuales, representa situaciones de la vida de una familia de los años 50, en los Estados Unidos. Compuesta de un padre, una madre, y tres hijos. Las actitudes del padre, la ternura de la madre, las travesuras de los hermanos; muchas situaciones que cada vez comienzan a hacerse más familiares, con las que el espectador se va identificando. La película va tomando tintes de recuerdos, de vivencias pasadas, a las que al final les aplica el bálsamo del tiempo.

            En El Árbol de la Vida también vemos el origen del universo, los primeros brotes de vida, animales ancestrales, a los que Malick  también hace actuar y nos dejan un poco confusos. Esta película seguramente pasará unos años, quizá décadas, invernando. Pero, el tiempo le hará justicia. Porque nos describe la parte de las personas más universal, el lugar en el que más nos parecemos los seres humanos, para contarnos lo que alguna vez hemos pensado o hemos deseado. Nos obliga a un ejercicio constante de interpretación de lo que vemos, a no descuidarnos en la butaca, y a fijarnos en toda la película. La playa siempre me ha parecido la gran metáfora de la vida. Malick la usa para decirnos, sin palabras, quizá lo que buscamos, lo que deseamos como personas. En esto, El Árbol de la Vida puede ser motivadora, inspiradora. Si no sabes amar, tu vida pasará como un destello, y si no sabes ver esta película, se te hará eterna en tu butaca.

            Brad Pitt construye el personaje del padre, más con sus silencios que con sus gritos. Sean Penn, representa al hijo mayor de adulto. Este actor tan enérgico y de tanto carácter, aquí está desaprovechado por su carencia de diálogos, y porque siempre aparece como si acabara de fumarse un porro. La joven Jessica Chastain tiene la dulzura de una madre, de todas las madres. Puede que demasiado lozana y esbelta para haber parido a tres hijos, y no tener lavavajillas.

            Aunque se entiendan todas las escenas de la película, pienso que los espectadores muy jóvenes no tienen la suficiente perspectiva temporal ni emocional para sentirla en su plenitud. Aunque, ofrece la esencia del mensaje que los padres intentan transmitir a sus hijos, una especie de Paideia. Como en El Indomable Hill Hunting (1997) de Gus Van Sant, en una de las mejores escenas de esta película Robin Williams le dice al superdotado de Mat Damon que es posible que tenga amplios conocimientos de todas las materias, que comprenda todos los planteamientos que le expongan, pero que nunca ha salido de su ciudad, ni se ha enamorado, ni ha perdido a un ser querido, en definitiva que no ha vivido verdaderamente. El Árbol de la Vida le resultará más emocionante a cada espectador, cuanto más haya vivido, más entenderá las miradas, los primeros planos; cuanto más haya perdido, más emocionantes serán las lágrimas que se derraman. Porque al ser humano, no sólo lo define su inteligencia, también sus cicatrices. Algún día caeremos, lloraremos y entenderemos todas las cosas…

            Para ver una película se pueden elegir dos caminos, el comercial y el de la emoción. A los de la segunda opción les digo que aquí la encontrarán desnuda, sin envoltorios, saltará sobre el público y algunos no la reconocerán, o quizá no la aceptarán  de esta manera. En cambio, otros la abrazarán cálidamente. Esta película, sobre todo, es para quien va a una sala de cine y todavía quiere sorprenderse, arriesgarse a encontrar algo no previsto. Porque es como la vida misma, por eso, los que abandonan la sala antes de que termine, es como si se suicidaran.

martes, 20 de septiembre de 2011

La Deuda

Un gran casting, para una buena película. Sam Worthingtong, después de darse a conocer internacionalmente en Avatar, aquí crea el personaje de un frío agente secreto, pero con un gran trasfondo humano. El siempre eficaz Tom Wilkinson, uno de los malos de la película. Pero, sobre todos, destaca la actriz británica, de ascendencia rusa, Hellen Mirren. Algunos la recordamos como la pérfida Morgana en Excalibur, de John Boorman (1981). En esa película, el actor Nicol Williamson, representó al que en mi opinión ha sido el mejor Merlín de la historia. Esta fue la primera película en la que  trabajó Liam Neeson (La Lista de Schindler), también Gabriel Byrne (Muerte Entre las Flores) y Patrick Stewart (X-Men) que con el tiempo llegarían a tener gran renombre cinematográfico.

A través de sus tres principales personajes, La Deuda nos propone un interesante argumento, como es la supervivencia de una gran mentira a través del tiempo. Podemos vivir con ella durante treinta años, viendo como crece, como sus consecuencias afectan a otras personas, a nuestra propia familia. Pero que después de tanto tiempo sacar a relucir la verdad puede hacer tanto daño como nos está haciendo el mantenerla oculta.

Con una muy buena ambientación histórica, John Madden nos cuenta como durante los años sesenta, en plena guerra fría, en el Berlín occidental, un comando de tres agentes, dos hombres y una mujer, del Mossad, encuentran y capturan a un criminal de guerra nazi. Pero, la convivencia entre ellos es algo para lo que quizá no han sido entrenados tan eficazmente como para la lucha urbana. En lugar de llevarlo a Israel ocurre un hecho inesperado que lo impide. Los tres agentes sellan un pacto, que con el tiempo les explotará y salpicará, no solo a ellos mismos, sino también a su familia, y a todo un país.

La película transcurre entre el pasado y el presente, entre escenas de acción y suspense que recuerdan al buen cine de espías de aquella década. Cada uno de estos personajes representa las tres posibles posturas. Una gran mentira hay que mantenerla si eso hace felices a los demás, y sobre todo, si creemos que la verdad nunca se sabrá; hay que decir la verdad, pase lo que pase; y la tercera postura es la duda entre las dos anteriores. La decisión a tomar, acaba saliendo con fuerza desde el interior de nosotros mismos, desde el pasado al presente. Porque las consecuencias de lo que hacemos nos acompañan el resto de nuestra vida.

Quiero hacer referencia a La Hoguera de las Vanidades, de Brian de Palma (1989). En ella, Morgan Freeman, en el papel de un juez, tiene la mejor escena de toda la película. Ante tanta corrupción, mentiras y engaños hace un alegato imperecedero de la honradez, y de la importancia de cumplir la ley. Si alguien tiene oportunidad de verlo, se lo recomiendo.

Como al principio hice referencia a Excalibur, vuelvo a ella para citar una frase de Merlín, que describe muy bien lo que ocurre en esta película. La semilla del futuro ha sido plantada en el presente.

Aunque haya estado un tiempo sin escribir aquí, y prácticamente en ningún otro sitio, por motivos que me habían arrancado las ganas de hacerlo. En todo este tiempo he sabido que no era permanente. Escribir es algo que llevamos en los huesos, en la sangre, en la mirada misma, con la que vemos el mundo y nos lo contamos a nosotros mismos, para después escribirlo. Pero, primero siempre nos lo contamos a nosotros mismos, y eso no he dejado de hacerlo. Podemos abandonarlo un tiempo porque no nos sale nada, porque somos incapaces de sentir lo que antes sentíamos por usar palabra tras palabra. Hasta un día como hoy, en el que vemos una película, y la llama vuelve a encenderse. Sin más.

Puede que también para escribir sea como dijo aquel personaje: Para sacar a Excalibur de la roca, hace falta alguien de corazón puro. Por eso, hoy he vuelto a sentir que soy el Rey Arturo.