viernes, 11 de noviembre de 2011

Tribunales Artísticos

La DGT ha multado con 30.000 euros a la productora Tripictures por presentar en el cartel publicitario de la película 'Larry Crowne' a Tom Hanks y Julia Roberts conduciendo una moto sin casco.


Este es el texto de la noticia que ha llamado mi atención, y la de muchos. Se ha multado el cartel publicitario de una película, porque los protagonistas van en una scooter sin casco. Después de escribir la frase anterior, tengo que detenerme a pensarla un poco. Lo primero que me viene al jardín de mis ideas es que la sanción debe estar basada en una reglamentación vigente, que sanciona no sólo los actos, sino también las actitudes. Pero, sigue sin cuadrarme, la cabeza todavía no me hace ese “clic” que nos hace cuando entendemos las cosas, y todas las piezas encajan a la perfección.

El cartel de esta película lo tengo colgado en la pared porque desde que lo vi me trasmite buenas sensaciones. Quienes miramos a Tom Hanks y a Julia Roberts nos sentimos irradiados de una actitud positiva y feliz. Quizá por eso me guste. Por el contrario, la imagen que me transmite la DGT es la de fomentar la leyenda de su muy criticado y desmedido afán recaudatorio. Nada menos que 30.000 euros del ala. Menudo palo. La productora de películas Tripictures no es de las más poderosas. Si hubiese sido la omnipotente Warner Bros, por ejemplo, me pregunto si cabría esperar de la DGT tanta severidad, o se lo habría pensado mejor, no fuera a ser que una legión de abogados hicieran que le saliera el tiro por la culata, como le pasó a la SGAE cuando con su también presunto desmedido afán recaudatorio pretendió cobrar derechos por la música que se escuchó en la celebración de una boda privada, y al final tuvo que pagar a la feliz pareja mucho mas dinero del que le reclamaba, por violar su intimidad.

 Cierto, que no está de más censurar actitudes que pregonan actos poco recomendables, pero es solo una película. Alguien le ha dicho a la DGT que en la película CARS 2 los protagonistas hablan por teléfono mientras conducen. Pobre Rayo Mcqueen, cuando se enteren. Cuantas películas hemos visto que saltan de un coche a otro, anda que como vean a Indiana Jones subirse a los camiones y a los tanques sin ponerse el cinturón de seguridad. Por no decir la que arman los personajes de MATRIX en la autopista. En esta película, la actriz Carrie-Anne Moss y su acompañante van en una moto, de gran cilindrada, sin casco, eso es de juzgado de guardia, vamos. Las espectaculares persecuciones de coches, las hacen especialistas, y los accidentes son preparados y muy controlados, además de fingidos por ordenador. Por qué nunca han sancionado a los actores que conducen de forma temeraria, bebidos o hablando por el móvil. Puede que cuando se proyectaron esas películas el sentido común de muchos en la DGT, advirtiera que las películas fingen una historia, unas escenas, unos hechos. Pero, parece que actualmente, están muy centrados en el objetivo de estrujar hasta la última gota el agrio limón de sancionar.

      Vuelvo a mirar el cartel, y sigue animándome. Me gusta. Ya se que es una sensación subjetiva, y estoy de acuerdo en que tiene que haber una línea, una actitud, pero dónde la situamos. Un cartel publicitario de una película también es una creación artística, y algunos llegan a convertirse en icónicos. Es posible que, a causa de esta sanción, este cartel sea más recordado que la película que anuncia. Acaso el arte debe ser objeto de vigilancia y control por algún tipo de tribunal ejecutor. Entonces, por qué se permitió la existencia de Paulina Rubio, del reguetón, o del modisto de Lady Gaga.

martes, 1 de noviembre de 2011

¡Viva Don Juan!

Pese al advenimiento de recientes tradiciones foráneas, y su esplendoroso éxito, algunos aún recordamos con nostalgia el clasicismo de las nuestras. Tal día como hoy, en España se veía la obra de teatro, Don Juan Tenorio. Al punto, que todos los años se programaba en TVE esta obra de José Zorrilla. Ver una obra de teatro, aunque sea en TV,  sigue siendo una buena costumbre. Desde muy antiguo, esta obra llegó a calar tanto en el público que algunas personas conocían a todos los personajes e incluso recitaban versos enteros.

Por doquiera que fui,
la razón atropellé,
la virtud escarnecí,
a la justicia burlé
y a las mujeres vendí.
Yo a las cabañas bajé,
yo a los palacios subí,
yo los claustros escalé
y en todas partes dejé
memoria amarga de mí.

Quizá caló en nuestro acervo por el apego de nuestra cultura al más allá, a los muertos. En esta obra el más allá es un destacado protagonista. Por eso encaja en una fecha como esta. Ha sido objeto de múltiples estudios, tema de numerosos escritos, un superviviente cultural de otra época. Don Juan Tenorio forma parte de nuestra memoria colectiva. Por eso, ¿Truco o Trato? jamás podrá competir contra…

Y esas dos líquidas perlas
que se desprenden tranquilas
de tus radiantes pupilas
convidándome a beberlas,
evaporarse, a no verlas,
de sí mismas al calor;
y ese encendido color
que en tu semblante no había,
¿no es verdad, hermosa mía,
que están respirando amor?

¡Oh! Sí, bellísima Inés
espejo y luz de mis ojos;
escucharme sin enojos,
como lo haces, amor es:
mira aquí a tus plantas, pues,
todo el altivo rigor
de este corazón traidor
que rendirse no creía,
adorando, vida mía,
la esclavitud de tu amor.   

Cierto, que nosotros también hemos exportado nuestra cultura. El gran Errol Flynn interpretó al mismo Don Juan, en la película El Burlador de Castilla (1948), que en su versión original se tituló Las Aventuras de Don Juan. Aunque tratándose de Hollywood, cabría no esperar demasiado del rigor con el que se rodó. Pero, la cultura, el espíritu de los pueblos, cuando viaja a otros lugares, como las personas también se convierte en inmigrante y muchas veces es acogida, asimilada y muchas veces adaptada.

     A José Zorrilla se le otorgó el calificativo de poeta del pueblo. Esta obra es inmortal, y sus versos resonarán eternos en nuestra memoria, ¡Pardiez! Mientras escribo esta entrada por toda la calle se oye a la muchachada disfrazada de fantoche, pero…

¡Cual gritan esos malditos!
¡Pero mal rayo me parta
si, en concluyendo la carta,
 no pagan caro sus gritos!