lunes, 28 de febrero de 2011

Lo Que El Viento Se Llevó (I)


            De una escultura es el escultor; de un cuadro es el pintor, pero, de una película, ¿Quién es su autor? Algunas, otorgamos su autoría a los actores que las interpretaron; otras a directores estrella, cuyos nombres han ejercido de aval carismático. En Lo que el Viento se Llevó, aún contando con el acierto del casting para escoger a los actores, tras un largo, laborioso y muy publicitado proceso de selección; y, que varios directores trabajaron en la cinta, aunque fue Victor Fleming quien la firmó. Sin embargo, ni los actores, ni el director son sus verdaderos padres. Esta película  es la obra de su productor, David Zelnick.

            En los años treinta, Zelnick era un poderoso productor de Hollywood, y este fue el proyecto de su vida. Escribió y rescribió el guión varias veces. A lo largo de varios años, contrató y despidió a técnicos, guionistas, actores y ejecutivos. Gracias a su empuje, a su fe en la historia y, sobre todo, a su dinero, se realizó esta inolvidable película. Antes de rodar un solo metro había conseguido interesar no solo a toda la industria cinematográfica, sino también a todo un país. Si el personaje de Red Butler estaba claro que lo haría Clark Gable, para el personaje femenino de Scarlet, se creo un sentimiento de ansiedad nacional para determinar qué actriz sería la elegida. Después de descartar a multitud de rostros estelares, se decidió por una desconocida Vivian Leight. Para esta actriz, también fue el papel de su vida.

           La expresión, no reparar en gastos, se queda corta para describir los medios que el productor destinó a esta película. En una ocasión, una actriz le dijo que, para ahorrar presupuesto en una escena de un concurrido baile, si bajo los vestidos de las damas, para dar volumen a las faldas colocaba un simple armazón, en lugar de confeccionar, de forma original, todas las enaguas y piezas de tela, ahorraría bastante y nadie los sabría. Zelnick le respondió: Si, pero lo sabría yo.

            El libro de la escritora Margaret Mitchel sitúa la acción en los años previos a la guerra civil norteamericana, y narra cómo afectaron los cambios que se produjeron tras ella. El personaje de Rhett Battler (Clark Gable) es un cínico vividor, superviviente nato a los convencionalismos, al que se le perdona su falta de escrúpulos porque su sonrisa es capaz de hipnotizar a la cámara. En cambio, Escarlata O´Hara (Vivian Leight) nos da una imagen inusual de mujer que no deja su destino al azar, sino que  sabe lo que quiere, dirigiendo su vida. Quizá, Mitchel, originalmente pensó en un tipo de mujer, revolucionaria para su época, capaz de sobrevivir sin someterse totalmente a ningún hombre. Puede que por eso, Escarlata esté tamizada por la sociedad machista, que al final le da una envoltura de demencia para aceptarla. Los dos protagonistas son de fuerte temperamento, y el choque de caracteres y de intereses personales da lugar a momentos pasionales, sobre un fondo épico, de una fuerza tal, que nos conmueve, a pesar de los años que han pasado desde que Zelnick la creara.

            Otra historia interesante, referente a esta película fue su verdadero preestreno. Antes de su estreno oficial, con la película ya montada, pero sin la partitura musical de su banda sonora, a Zelnick se le ocurrió probar qué acogida podría tener la película por parte del público. Así que, ideó algo que creo que nunca antes se había hecho, ni después a lo largo de los años, nadie se ha atrevido a repetirlo.

Continuará…

jueves, 24 de febrero de 2011

La Fecha Verdadera


            Toda suerte de adivinos y echadores de cartas que se anuncian por doquier, no son más que un atajo de farsantes. Yo vi un caso real de adivinación de una fecha, con semanas de antelación. Casualmente, fue a mi padre, a quien le oí el vaticinio más acertado del que he sido testigo en toda mi vida. Predijo el día, el mes y el año en el que moriría Franco, y acertó. Así ocurrieron estos prodigiosos hechos.

            Allá por el año 1975, el entonces Jefe del Estado, cayó enfermo. La información sobre el estado de su salud, en general, era muy pesimista. La predicción sobre su muerte la databa el 19 de noviembre de 1975. Esta fecha se obtenía de la siguiente manera. En primer lugar, sabemos que la guerra civil española comenzó el 18 de julio de 1936.

Recuerdo que tuve un profesor de historia, el Hermano de La Salle, Domingo.  Una vez, nos mostró un libro, que ojeó suavemente, para sacar un recorte de periódico, que nos leyó:

            En el día de hoy, cautivo y desarmado el ejército rojo, las tropas nacionales han alcanzado sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado.

            Aún viven personas que se emocionan al escuchar la última frase de esta nota de prensa. Quizás una de las frases más importantes de la historia de España. Aquel recorte de periódico estaba fechado el 1 de abril de 1939. De esta manera, si sumamos las dos fechas. La del comienzo y la del final de la guerra, tendremos la fecha en la que Franco moriría.
18
-
7
-
36
1
-
4
-
39
19
-
11
-
75




            Con el paso de los días y las semanas, llegamos al 19 de noviembre. Las noticias llegaban, con los periódicos, la televisión, y el parte de la radio. Este último, quizás un poco más ágil. La expectación era máxima. El día estaba terminando y no se escuchaba la nota necrológica. Hasta última hora se navegaba por el dial de la radio, por si se cumplía aquella predicción. Sin embargo, el día terminó y nadie dio la noticia.

Al día siguiente, en Televisión Española, apareció el entonces Presidente del Gobierno, Carlos Arias, con su famosa intervención: ¡Españoles, Franco a muerto! Así, la fecha oficial de la muerte, fue el 20 de noviembre. Pero hay quien piensa que  la fecha verdadera se mantuvo en secreto, hasta el día siguiente. Es posible que, este cálculo andase de boca en boca y fuese la comidilla de muchos. Pero, todos saben que, en realidad, Franco murió un día antes de la fecha oficial. Estaba escrito.

martes, 22 de febrero de 2011

Normas Básicas (I). La Economía.


Son pocas las normas que puedo recordar constantemente, y que me guían a la hora de escribir. Una de ellas la aprendí en una película, El Río de la Vida (1992) del director Robert Redford. Película basada en el libro autobiográfico del mismo título, escrito por Norman McLean. Cuenta la vida de dos hermanos (Craig Sheffer y Brad Pitt), hijos de un sacerdote protestante. Educados bajo estrictas normas, con el paso de los años, cada uno de ellos, fieles a su temperamento, tomarán distintos caminos, pero siempre habrá algo que los una, el río donde su padre les enseñó a pescar.

McLean, gran aficionado a la pesca, recibió varias ofertas para llevar su libro al cine, pero fue rechazando una tras otra. Argumentaba que había tardado más de cincuenta años en escribir el libro, y no iba a permitir que Hollywood se lo destrozara en dos horas.

Redford leyó el libro y también se interesó en la historia. Quería conseguir el permiso del autor para rodarla. Así que, contactó con McLean y lo invitó a pescar. Seguramente la conversación del cineasta, y el despliegue de su maestría en la pesca, terminaron por decidir al autor, que le otorgó su permiso. Como actor, Robert Redford fue una gran estrella en los años setenta y ochenta. Cuando se pasó a la dirección resultó una agradable sorpresa comprobar que no sólo era una cara bonita, sino también un director por encima del montón, porque sus películas iban un poco más allá del puro entretenimiento. 

En la primera parte de El Río de la Vida, el padre (Tom Skerritt) le pide a uno de sus hijos que redacte un texto en una cuartilla. Cuando este se lo muestra, su padre le dice que tiene que resumirlo. Al rato, viendo el texto, le vuelve a decir que lo resuma aún más. La siguiente vez, vuelve a oír la misma exigencia. Así, hasta la desesperación del niño. 

Muchas veces he recordado esa escena. A la hora de escribir, digas lo que digas hazlo con el menor número de palabras. Ser preciso, certero, breve y prometedor. En una crítica a una película de Clint Eastwood, otra cara bonita que destaca sobre muchos directores, cuando dirigió Mystic River dijeron: Eastwood, como el buen bluesman, es capaz de emocionarnos tocando muy pocas notas.

Esta regla, que intento seguir, representa un problema, porque por ejemplo, la entrada que hice de la crítica de Enredados, me ocupó más de lo que suelo ver en otros blogs. Además, una vez quise hacer un comentario a una crítica en un blog sobre Lo Que el Viento se Llevó, y el comentario que escribí, era tan grande que sobrepasaba la capacidad de internet, y eso que lo resumí varias veces. En esta misma entrada, no predico con el ejemplo, ya es demasiado larga. Pero, según la letra de una canción de Miguel Ríos,

… no hay nada tan humano, como la contradicción…

domingo, 20 de febrero de 2011

Los Discípulos de Buda


              Una vez al mes, en el Teatro Cervantes de Almería, la Fundación Unicaja organiza un acto llamado Encuentro con Directores. Consiste en la proyección de una película, al término de la cual, nada menos que el propio director, habla sobre el proceso de producción, y atiende a las preguntas que el público asistente le formula.

            La entrada al Teatro es completamente gratuita, gracias a la invitación que la Fundación Unicaja entrega en su sede. Al principio, se realiza una breve presentación de la película y del director. La película se proyecta y al final, tras unos minutos de descanso, el director comenta las escenas, los actores con los que trabajó, las dificultades, etc.

En Almería, no suelen presentarse oportunidades culturales como esta, y la asistencia de público es masiva. Cuando termina, aún con las luces apagadas, se proyectan todos los títulos de crédito. Desde mi butaca agradezco esa catarata de oficios y nombres, que suelo leer como una parte más de la película. Muchos espectadores comienzan a abandonar sus localidades, y no en respetuoso silencio, precisamente. Tres cuartas partes o más de público abandonan el patio de butacas. Mi primer pensamiento, es para la interminable cola que debe abarrotar los servicios. Craso error, porque nadie vuelve. Cuando el director comienza su exposición me doy cuenta, con bastante tristeza, que la interminable cola que yo imaginaba en la entrada de los servicios, en realidad se ha formado en la puerta de salida para marcharse. Deciden no asistir a la verdadera salsa del acto, como son las palabras del director y el posterior coloquio.

Me produce una gran decepción, no sólo como amante del cine, sino también como miembro de la sociedad almeriense, que la gente que abarrota el Teatro Cervantes tan solo venga porque dan una película gratis, al término de la cual, se van sin más. A pesar de rondar el medio siglo de edad, hace solo diez años fui alumno de Empresariales, en la Universidad de Almería. Allí, tuve un joven profesor de Economía Española, una vez nos contó la siguiente historia.

            Una noche, andaba Buda con un grupo de discípulos, y al mirar al cielo se detuvo. Vio la luna con una nitidez y una claridad tan diáfana, que le produjo una gran sensación de belleza. Quiso mostrársela a sus discípulos y levantó su brazo, en dirección a ella, señalándola con el dedo. Entonces, todos se quedaron mirando al dedo de Buda.

            El lunes, 14 de marzo de 2011 se organizará el próximo Encuentro con Directores. En esta ocasión se proyectará Héroes, y contaremos con la asistencia de su director Pau Freixas. El destino no está escrito, pero ¿La mayoría de los asistentes seguirán mirando al dedo de Buda?

viernes, 18 de febrero de 2011

Enredados


           Almería posee una cultura y tradición cinematográfica superior a otras capitales. En los años setenta era de las primeras en estrenar las películas más esperadas. Quienes vivimos aquella época nos gustaría que no se perdiera esa afición. La tendencia actual apunta hacia las multisalas en los centros comerciales. Bienvenidas sean, si en ellas proyectan películas de cine.

Un sábado por la tarde es un día perfecto para llevar a mis sobrinos al cine. Los recogí y nos fuimos a los Cines Monumental. Buen nombre para un cine que aspira a impresionarnos, como así fue.

ENREDADOS (3D)

            Producir, actualmente, una película tipo princesa-castillo, puede parecer una fórmula un tanto desfasada. Pero, la factoría Disney sigue apostando por ella. “Enredados” es una historia con princesa, villano seductor, personajes simpáticos y, por supuesto, alguien malo, malísimo. Esta película, proclama que con talento no hay planteamientos obsoletos, y cualquier elemento es válido para construir una historia, y al contarla hacer que el reloj se detenga. Es decir, mantener el espíritu original con el que los hermanos Grimm escribieron la historia de Rapunzel, y sobre la que esta película está basada. La asociación Disney-Pixar nos vuelve a demostrar que la fantasía es un universo infinito y eterno.

Rapunzel, la protagonista, tiene una cualidad fantástica y sobrenatural, que la diferencia de todas las demás princesas, y que el público acepta encantado, para navegar por ese universo de fantasía. El villano resulta un personaje atractivo, con el que casi nunca perdemos la esperanza de que se reforme. Los animales con expresiones y cualidades humanas nos ganan desde el primer instante.

La historia cuenta con momentos visuales muy inspirados, que potencian la espectacularidad de las tres dimensiones. El diseño gráfico de los personajes y los decorados; así como la música y las canciones llevan el sello característico de la casa que los produce. Un sello que siguiendo tendencias actuales parece buscar el realismo digital, pero en ningún momento renuncia a la belleza y a su colorido característico, evocándonos las clásicas películas de dibujos animados. Nos emociona, pero no busca la lágrima del espectador. Alarga nuestra sonrisa, sin llegar a romperla siempre con una carcajada. Dejando para el final el momento álgido de esa emoción, atrapado como está todo el público de la sala, cuyos ojos se abren tanto que casi sobrepasan el tamaño de las gafas que llevan puestas.

Han pasado muchos años para las primeras películas de Disney, pero hay cosas que por suerte no cambian. He visto cómo la magia del cine sigue atrapando a las nuevas generaciones. La productora se adapta a los nuevos tiempos, a las nuevas tecnologías. Pero, en el fondo, esta factoría consigue lo mismo que lleva haciendo década tras década. Es capaz de alegrarnos una tarde entera, y provocarnos un sentimiento que navegará, muchos años, por nuestros recuerdos. Todo esto, ahora como entonces, solo a cambio del ticket de una entrada de cine.

jueves, 17 de febrero de 2011

El primer paso

   Cuanto nos enfrentamos a una presentación, siempre queremos quedar bien, y nos esforzamos para ello. Pero, muchas veces perdemos demasiado tiempo preparándola, olvidando que lo más importante es darnos a conocer. Existir importa más que caer bien. No se por qué, me veo obligado a hacer una presentación. Yo sólo quiero airear las ideas que se me ocurren, escirbir aunque sea en el ordenador, traicionando a mis viejos amigos los bolígrafos. Me gusta hablar de cine, y de las historias que rodean al cine. Sobre los libros que me gustan, y aquellos que algún día leeré. Sobre la música que me gusta y sobre los músicos que nos la regalaron. Puede que mencione y critique también cualquier aspecto de la vida, porque mi alma es española. Para esto sirven los blogs, para asomarme a un barranco y gritar hacia un valle virtual, con la esperanza de que alguien escuche mi eco.

   Me llamo Peter McCromwell, mi sangre no es pura sino mezclada, no agitada. Llevo casi medio siglo en este mundo y he visto algunas cosas, también he viajado por él y por la mente de otras personas a través de lo que dejaron escrito. Todo lo que aqui escriba será el producto de la educación que recibieron mis padres, de la sociedad que me encontré al nacer, y de lo que mis hijas me han enseñado. Yo soy todo eso, y más aún, porque sobre todo, soy soñador de profesión.