Un gran casting, para una buena película. Sam Worthingtong, después de darse a conocer internacionalmente en Avatar, aquí crea el personaje de un frío agente secreto, pero con un gran trasfondo humano. El siempre eficaz Tom Wilkinson, uno de los malos de la película. Pero, sobre todos, destaca la actriz británica, de ascendencia rusa, Hellen Mirren. Algunos la recordamos como la pérfida Morgana en Excalibur, de John Boorman (1981). En esa película, el actor Nicol Williamson, representó al que en mi opinión ha sido el mejor Merlín de la historia. Esta fue la primera película en la que trabajó Liam Neeson (La Lista de Schindler), también Gabriel Byrne (Muerte Entre las Flores) y Patrick Stewart (X-Men) que con el tiempo llegarían a tener gran renombre cinematográfico.
A través de sus tres principales personajes, La Deuda nos propone un interesante argumento, como es la supervivencia de una gran mentira a través del tiempo. Podemos vivir con ella durante treinta años, viendo como crece, como sus consecuencias afectan a otras personas, a nuestra propia familia. Pero que después de tanto tiempo sacar a relucir la verdad puede hacer tanto daño como nos está haciendo el mantenerla oculta.
Con una muy buena ambientación histórica, John Madden nos cuenta como durante los años sesenta, en plena guerra fría, en el Berlín occidental, un comando de tres agentes, dos hombres y una mujer, del Mossad, encuentran y capturan a un criminal de guerra nazi. Pero, la convivencia entre ellos es algo para lo que quizá no han sido entrenados tan eficazmente como para la lucha urbana. En lugar de llevarlo a Israel ocurre un hecho inesperado que lo impide. Los tres agentes sellan un pacto, que con el tiempo les explotará y salpicará, no solo a ellos mismos, sino también a su familia, y a todo un país.
La película transcurre entre el pasado y el presente, entre escenas de acción y suspense que recuerdan al buen cine de espías de aquella década. Cada uno de estos personajes representa las tres posibles posturas. Una gran mentira hay que mantenerla si eso hace felices a los demás, y sobre todo, si creemos que la verdad nunca se sabrá; hay que decir la verdad, pase lo que pase; y la tercera postura es la duda entre las dos anteriores. La decisión a tomar, acaba saliendo con fuerza desde el interior de nosotros mismos, desde el pasado al presente. Porque las consecuencias de lo que hacemos nos acompañan el resto de nuestra vida.
Quiero hacer referencia a La Hoguera de las Vanidades, de Brian de Palma (1989). En ella, Morgan Freeman, en el papel de un juez, tiene la mejor escena de toda la película. Ante tanta corrupción, mentiras y engaños hace un alegato imperecedero de la honradez, y de la importancia de cumplir la ley. Si alguien tiene oportunidad de verlo, se lo recomiendo.
Como al principio hice referencia a Excalibur, vuelvo a ella para citar una frase de Merlín, que describe muy bien lo que ocurre en esta película. La semilla del futuro ha sido plantada en el presente.
Aunque haya estado un tiempo sin escribir aquí, y prácticamente en ningún otro sitio, por motivos que me habían arrancado las ganas de hacerlo. En todo este tiempo he sabido que no era permanente. Escribir es algo que llevamos en los huesos, en la sangre, en la mirada misma, con la que vemos el mundo y nos lo contamos a nosotros mismos, para después escribirlo. Pero, primero siempre nos lo contamos a nosotros mismos, y eso no he dejado de hacerlo. Podemos abandonarlo un tiempo porque no nos sale nada, porque somos incapaces de sentir lo que antes sentíamos por usar palabra tras palabra. Hasta un día como hoy, en el que vemos una película, y la llama vuelve a encenderse. Sin más.
Puede que también para escribir sea como dijo aquel personaje: Para sacar a Excalibur de la roca, hace falta alguien de corazón puro. Por eso, hoy he vuelto a sentir que soy el Rey Arturo.
La peli suena interesante. Quizá intente verla.
ResponderEliminarPD: Muy bonito el último párrafo :)