martes, 22 de febrero de 2011

Normas Básicas (I). La Economía.


Son pocas las normas que puedo recordar constantemente, y que me guían a la hora de escribir. Una de ellas la aprendí en una película, El Río de la Vida (1992) del director Robert Redford. Película basada en el libro autobiográfico del mismo título, escrito por Norman McLean. Cuenta la vida de dos hermanos (Craig Sheffer y Brad Pitt), hijos de un sacerdote protestante. Educados bajo estrictas normas, con el paso de los años, cada uno de ellos, fieles a su temperamento, tomarán distintos caminos, pero siempre habrá algo que los una, el río donde su padre les enseñó a pescar.

McLean, gran aficionado a la pesca, recibió varias ofertas para llevar su libro al cine, pero fue rechazando una tras otra. Argumentaba que había tardado más de cincuenta años en escribir el libro, y no iba a permitir que Hollywood se lo destrozara en dos horas.

Redford leyó el libro y también se interesó en la historia. Quería conseguir el permiso del autor para rodarla. Así que, contactó con McLean y lo invitó a pescar. Seguramente la conversación del cineasta, y el despliegue de su maestría en la pesca, terminaron por decidir al autor, que le otorgó su permiso. Como actor, Robert Redford fue una gran estrella en los años setenta y ochenta. Cuando se pasó a la dirección resultó una agradable sorpresa comprobar que no sólo era una cara bonita, sino también un director por encima del montón, porque sus películas iban un poco más allá del puro entretenimiento. 

En la primera parte de El Río de la Vida, el padre (Tom Skerritt) le pide a uno de sus hijos que redacte un texto en una cuartilla. Cuando este se lo muestra, su padre le dice que tiene que resumirlo. Al rato, viendo el texto, le vuelve a decir que lo resuma aún más. La siguiente vez, vuelve a oír la misma exigencia. Así, hasta la desesperación del niño. 

Muchas veces he recordado esa escena. A la hora de escribir, digas lo que digas hazlo con el menor número de palabras. Ser preciso, certero, breve y prometedor. En una crítica a una película de Clint Eastwood, otra cara bonita que destaca sobre muchos directores, cuando dirigió Mystic River dijeron: Eastwood, como el buen bluesman, es capaz de emocionarnos tocando muy pocas notas.

Esta regla, que intento seguir, representa un problema, porque por ejemplo, la entrada que hice de la crítica de Enredados, me ocupó más de lo que suelo ver en otros blogs. Además, una vez quise hacer un comentario a una crítica en un blog sobre Lo Que el Viento se Llevó, y el comentario que escribí, era tan grande que sobrepasaba la capacidad de internet, y eso que lo resumí varias veces. En esta misma entrada, no predico con el ejemplo, ya es demasiado larga. Pero, según la letra de una canción de Miguel Ríos,

… no hay nada tan humano, como la contradicción…

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