viernes, 18 de febrero de 2011

Enredados


           Almería posee una cultura y tradición cinematográfica superior a otras capitales. En los años setenta era de las primeras en estrenar las películas más esperadas. Quienes vivimos aquella época nos gustaría que no se perdiera esa afición. La tendencia actual apunta hacia las multisalas en los centros comerciales. Bienvenidas sean, si en ellas proyectan películas de cine.

Un sábado por la tarde es un día perfecto para llevar a mis sobrinos al cine. Los recogí y nos fuimos a los Cines Monumental. Buen nombre para un cine que aspira a impresionarnos, como así fue.

ENREDADOS (3D)

            Producir, actualmente, una película tipo princesa-castillo, puede parecer una fórmula un tanto desfasada. Pero, la factoría Disney sigue apostando por ella. “Enredados” es una historia con princesa, villano seductor, personajes simpáticos y, por supuesto, alguien malo, malísimo. Esta película, proclama que con talento no hay planteamientos obsoletos, y cualquier elemento es válido para construir una historia, y al contarla hacer que el reloj se detenga. Es decir, mantener el espíritu original con el que los hermanos Grimm escribieron la historia de Rapunzel, y sobre la que esta película está basada. La asociación Disney-Pixar nos vuelve a demostrar que la fantasía es un universo infinito y eterno.

Rapunzel, la protagonista, tiene una cualidad fantástica y sobrenatural, que la diferencia de todas las demás princesas, y que el público acepta encantado, para navegar por ese universo de fantasía. El villano resulta un personaje atractivo, con el que casi nunca perdemos la esperanza de que se reforme. Los animales con expresiones y cualidades humanas nos ganan desde el primer instante.

La historia cuenta con momentos visuales muy inspirados, que potencian la espectacularidad de las tres dimensiones. El diseño gráfico de los personajes y los decorados; así como la música y las canciones llevan el sello característico de la casa que los produce. Un sello que siguiendo tendencias actuales parece buscar el realismo digital, pero en ningún momento renuncia a la belleza y a su colorido característico, evocándonos las clásicas películas de dibujos animados. Nos emociona, pero no busca la lágrima del espectador. Alarga nuestra sonrisa, sin llegar a romperla siempre con una carcajada. Dejando para el final el momento álgido de esa emoción, atrapado como está todo el público de la sala, cuyos ojos se abren tanto que casi sobrepasan el tamaño de las gafas que llevan puestas.

Han pasado muchos años para las primeras películas de Disney, pero hay cosas que por suerte no cambian. He visto cómo la magia del cine sigue atrapando a las nuevas generaciones. La productora se adapta a los nuevos tiempos, a las nuevas tecnologías. Pero, en el fondo, esta factoría consigue lo mismo que lleva haciendo década tras década. Es capaz de alegrarnos una tarde entera, y provocarnos un sentimiento que navegará, muchos años, por nuestros recuerdos. Todo esto, ahora como entonces, solo a cambio del ticket de una entrada de cine.

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