De una escultura es el escultor; de un cuadro es el pintor, pero, de una película, ¿Quién es su autor? Algunas, otorgamos su autoría a los actores que las interpretaron; otras a directores estrella, cuyos nombres han ejercido de aval carismático. En Lo que el Viento se Llevó, aún contando con el acierto del casting para escoger a los actores, tras un largo, laborioso y muy publicitado proceso de selección; y, que varios directores trabajaron en la cinta, aunque fue Victor Fleming quien la firmó. Sin embargo, ni los actores, ni el director son sus verdaderos padres. Esta película es la obra de su productor, David Zelnick.
En los años treinta, Zelnick era un poderoso productor de Hollywood, y este fue el proyecto de su vida. Escribió y rescribió el guión varias veces. A lo largo de varios años, contrató y despidió a técnicos, guionistas, actores y ejecutivos. Gracias a su empuje, a su fe en la historia y, sobre todo, a su dinero, se realizó esta inolvidable película. Antes de rodar un solo metro había conseguido interesar no solo a toda la industria cinematográfica, sino también a todo un país. Si el personaje de Red Butler estaba claro que lo haría Clark Gable, para el personaje femenino de Scarlet, se creo un sentimiento de ansiedad nacional para determinar qué actriz sería la elegida. Después de descartar a multitud de rostros estelares, se decidió por una desconocida Vivian Leight. Para esta actriz, también fue el papel de su vida.
La expresión, no reparar en gastos, se queda corta para describir los medios que el productor destinó a esta película. En una ocasión, una actriz le dijo que, para ahorrar presupuesto en una escena de un concurrido baile, si bajo los vestidos de las damas, para dar volumen a las faldas colocaba un simple armazón, en lugar de confeccionar, de forma original, todas las enaguas y piezas de tela, ahorraría bastante y nadie los sabría. Zelnick le respondió: Si, pero lo sabría yo.
El libro de la escritora Margaret Mitchel sitúa la acción en los años previos a la guerra civil norteamericana, y narra cómo afectaron los cambios que se produjeron tras ella. El personaje de Rhett Battler (Clark Gable) es un cínico vividor, superviviente nato a los convencionalismos, al que se le perdona su falta de escrúpulos porque su sonrisa es capaz de hipnotizar a la cámara. En cambio, Escarlata O´Hara (Vivian Leight) nos da una imagen inusual de mujer que no deja su destino al azar, sino que sabe lo que quiere, dirigiendo su vida. Quizá, Mitchel, originalmente pensó en un tipo de mujer, revolucionaria para su época, capaz de sobrevivir sin someterse totalmente a ningún hombre. Puede que por eso, Escarlata esté tamizada por la sociedad machista, que al final le da una envoltura de demencia para aceptarla. Los dos protagonistas son de fuerte temperamento, y el choque de caracteres y de intereses personales da lugar a momentos pasionales, sobre un fondo épico, de una fuerza tal, que nos conmueve, a pesar de los años que han pasado desde que Zelnick la creara.
Otra historia interesante, referente a esta película fue su verdadero preestreno. Antes de su estreno oficial, con la película ya montada, pero sin la partitura musical de su banda sonora, a Zelnick se le ocurrió probar qué acogida podría tener la película por parte del público. Así que, ideó algo que creo que nunca antes se había hecho, ni después a lo largo de los años, nadie se ha atrevido a repetirlo.
Continuará…
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