jueves, 3 de marzo de 2011

Lo Que El Viento Se Llevó (II)


La idea de Zelnick consistía en buscar un cine de cualquier pueblo aislado, proyectar la película y comprobar si la reacción del público, al verla, era favorable o no. Todo ello, sin que trascendiera. Decidido, preparó todos los rollos necesarios para la proyección completa de la película. Seleccionó a tres de sus más estrechos colaboradores, y metieron las latas con la película en el coche de uno de ellos. Arrancaron el motor y pusieron rumbo a la América profunda.

            Así, llegaron a una pequeña localidad. Buscaron el cine y uno de los colaboradores de Zelnick fue a hablar con el dueño. Podemos imaginar la reacción de aquel hombre, seguramente no podría creer que en su cine iba a proyectarse la película más esperada de los últimos años. Por supuesto que aceptó.

En el cine, estaba programada la película Beau Geste, en la que actuaba la gran estrella, Gary Cooper. Yo la vi en blanco y negro, cuando TVE ponía películas, de este tipo, los sábados por la tarde, durante los años setenta. Contaba la historia de unos amigos que se enrolan en la legión extranjera. Al final, el personaje de Cooper demostró cuan merecido tenía este nombre, Beau Geste, Bello Gesto, Hermoso Gesto, pues realiza una acción heroica en favor de sus amigos.

Era una película para que al cine acudieran familias enteras, padres, niños, y abuelos. Cuando el cine se llenó, y antes de comenzar la proyección, uno de los colaboradores de Zelnick salió y dijo que a continuación iban a proyectar otra película, que no era la anunciada, Beau Geste, pero que estaba seguro que les iba a interesar mucho. De todas formas, si alguien quería salir, se le devolvería el dinero de la entrada; pero si decidían quedarse, no se permitiría la salida de ninguna persona hasta la finalización completa del filme. Recomendaban, telefonear a quien tuviese alguien esperándolos, porque la película que se disponían a ver duraba bastante más de lo normal.

Ante tal introducción, todo el mundo aceptó ver la misteriosa película. Tras apagar las luces, cuando el público vio los primeros planos y comprobó que se trataba de Lo que el Viento se Llevó, rompió en aplausos, silbidos, patadas al suelo, vamos una gran manifestación de entusiasmo al más puro estilo norteamericano.

Al terminar la proyección, todo el público se puso en pie, aplaudiendo, silbando, y demostrando a Zelnick que la película ya era un éxito rotundo. El productor se acercó y habló con algunas de aquellas personas, les preguntó qué les había parecido la película. A todos les había encantado y lo felicitaron, salvo un niño que dijo: La película no está mal, ¿Pero, cuando empieza Beau Geste?

Un tiempo después, Max Steiner terminó de componer la banda sonora, y la música se acopló a la película como un guante, formando un único cuerpo. Setenta y dos años después de su estreno sigue siendo espectacular, más aún, legendaria. Al punto, que si cerramos los ojos y comenzamos a tararear su melodía comprobaremos que, posiblemente, solo hay una cosa en el mundo con más magia que el cine.

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