miércoles, 9 de marzo de 2011

La Experiencia


            Al dimitir Adolfo Suárez, el 23 de febrero de 1981 en el Congreso de los Diputados se votaba la investidura, como nuevo Presidente del Gobierno, de Leopoldo Calvo-Sotelo. El resultado apuntaba a una mayoría simple, avalado sólo por  los votos de su partido. Yo tenía 19 años, creía saberlo todo y el mundo no me asustaba. Aquella tarde, mi padre entró en mi habitación con el cable del auricular, con el que escuchaba la radio, entre sus manos y me dijo:
- La Guardia Civil ha entrado en las Cortes pegando tiros, y los tanques han    salido a tomar la calle.

            Puede que no mencionara a los tanques. Hace tanto tiempo, que a veces pienso que he mezclado lo que supe después, con los recuerdos vividos. Mi madre y yo acompañamos a mi padre, en el pequeño despacho, donde solía trabajar en casa. La radio, tanto entonces como ahora, mantenía la imagen de agilidad y veracidad informativa, que su joven pariente, la televisión, nunca ha llegado a igualarle. En la tele dan el telediario  pero, la radio da el parte. Mi padre no paró de hacer zapping de emisoras, buscando siempre ese último parte.

            Han pasado treinta años, pero aún recuerdo aquella noche. Televisión Española, además de emitir el famoso discurso del Rey, no detuvo su emisión hasta más de las tres de la madrugada. Entre otras, programó una película de Bob Hope, en blanco y negro, que ya entonces me pareció antigua.

            A la mañana siguiente, volviendo de clase, coincidí por la calle con mi amigo Alejandro, y hablamos de lo sucedido. La intentona golpista fracasó, pero sirvió de acicate a la democracia. A los pocos días, se volvió a votar la investidura del Presidente del Gobierno. En esta ocasión, el resultado fue de una aplastante mayoría absoluta, gracias al respaldado de casi todos los partidos. Pero, sobre todo, recuerdo la cerrada ovación que recibió el Teniente General Manuel Gutiérrez Mellado, Vicepresidente del Gobierno con Adolfo Suárez, cuando días después regresó al Congreso. Ante los disparos de aquella tarde, fue el único en levantarse de su escaño, y hacer frente, a pecho descubierto, a los guardias civiles golpistas.

             La experiencia no es la simple acumulación de hechos vividos, sino las enseñanzas que somos capaces de aprender de esas vivencias. La sociedad española, como mi amigo Alejandro y yo, volvimos a no temerle a nada. Pero, esa noche aprendimos que hay valores en la vida, como la libertad en la sociedad o el amor en lo particular, que no podemos abandonarlos, confiados en que una vez alcanzados siempre los tendremos. Sino que hay que luchar por ellos, como hizo aquel valiente militar.

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